jueves, 14 de julio de 2022

El juego del gato y los ratones

Cuando estudiaba Sociología y los conflictos sociales, un profesor dibujó en el pizarrón un gato y unos ratones. Luego nos lanzó la siguiente pregunta: "¿quién tiene más poder: el gato o los ratones?".

Enseguida se armó una acalorada discusión, ya que algunos decían que el gato porque tiene más fuerza, tiene más libertad por ser mascota en la casa y por tener la función de cazar ratones o porque es ágil. Otros decían que los ratones porque son más escurridizos o porque son más que el gato. 

 El profesor paró la discusión y explicó que el poder está relacionado con el tiempo y el escenario (espacio). Es importante conocer el tiempo en el cual el gato está despierto y al acecho o cuando está dormido o entretenido con otras actividades. El tiempo conveniente es utilizado por los ratones para lograr sus metas cuando el gato está distraído. Pero además, el espacio es muy importante al momento de analizar el poder. Cada quien es fuerte en su propio espacio, pero débil en un espacio desconocido.

Así mismo sucede en la vida social o política. Cuando hay grupos dominantes enfrentados a grupos subalternos, es importante tomar en cuenta el poder que cada quien tiene sobre el territorio y sobre el tiempo. Las coyunturas son los tiempos fuertes en los que algunas demandas son más sentidas por una parte importante de la sociedad, lo que genera movimientos de grupos y personas por lograr sus metas.

Actualmente la población con sus distintas expresiones organizativas está en la calle demandando respuestas a problemáticas como el precio de los alimentos, los medicamentos y los combustibles. El poder público parece estar distraído o desconociendo los intereses de los grupos mayoritarios. Esta situación puede complicarle la gestión administrativa, la capacidad de gobernar y hasta queda en entredicho su propia autoridad. 

En la coyuntura actual de Panamá, el escenario se torna importante, debido a que el gobierno quiere negociar en la capital, pero los grupos que iniciaron las protestas están mejor concentrados en las provincias de Veraguas, Chiriquí, región de Azuero y Comarca Ngäbe Buglé. De ahí que van a tratar por todos los medios de no perder el escenario planteado al inicio para las negociaciones (Santiago de Veraguas). 

En todo caso, habría que buscar un escenario más neutral o propicio, donde las autoridades del gobierno central no se sientan amenazados, tal como ocurrió en Santiago, ni los grupos representativos de las población tengan que ir a la capital, donde el escenario es desconocido y amenazante, además de estar separados de las bases.

Este discernimiento lo tienen que hacer las personas y grupos que intentan facilitar o mediar en este conflicto. De lo contrario, los próximos escenarios serán más complejos y menos manejables. 

Por: Rigoberto Pitti B.
Sociólogo.

viernes, 16 de diciembre de 2016

NAVIDAD SIN JESÚS


Por: Rigoberto Pitti Beitia

Tal vez usted no se ha dado cuenta que cada fin de año se habla menos del nacimiento de Jesús y más de Santa Claus, o de la magia de la navidad, o del espíritu de la navidad. Esto no es casual. 

Desde hace algún tiempo, la élite comercial nos va modelando el tipo de celebración que debemos tener para fin de año. Una fiesta alrededor de un arbolito importado. Una comida con productos importados, llámense carnes, frutas, bebidas. Regalos tecnológicos que nos aíslan de familiares y vecinos cercanos. Y el colmo de todo, muchas veces dejamos de ir a la iglesia, nos olvidamos de orar en familia y hasta de poner al Niño Dios en el pesebre. Hay algunos a quienes no les interesa que conozcamos del verdadero sentido de la Navidad. 

El nacimiento de Jesús es la encarnación del Hijo de Dios en la Tierra. Jesús siendo Dios, se abajó para que los humanos pudiéramos llegar a la plenitud de la vida divina. Y no lo hizo de cualquier manera. Se hizo el más humilde de los hombres. Naciendo en un establo y no en una cuna de oro; viviendo de una manera sencilla y pobre, para mostrarnos que la grandeza de Dios no está en tener, sino en ser.

Cuando estemos celebrando estos días, tomemos unos minutos para agradecer a Dios por mostrarnos el camino hacia Él y hagamos el propósito de ser menos mundanos. “Esta mundanidad asfixiante se sana tomándole el gusto al aire puro del Espíritu Santo, que nos libera de estar centrados en nosotros mismos, escondidos en una apariencia religiosa vacía de Dios” (Papa Francisco, Evangelii gaudium, 2013, 97).

martes, 25 de octubre de 2016

La Paz


Este año se conmemora el 30 Aniversario de la Jornada interreligiosa de Oración por la paz, realizada por el Papa Juan Pablo II, el 20 de septiembre de 1986. Ya en 1963 Juan XXIII, presentaba al mundo una encíclica, la Pacen in terris, como respuesta al peligro de una posible guerra nuclear.

La paz, según Juan XXIII, es una dimensión del plan establecido por Dios (Pacen in terris, 1). En el mismo documento, sostiene que la paz verdadera “no puede apoyarse en el equilibrio de las fuerzas militares, sino únicamente en la confianza recíproca” (113). Es necesario orar por la paz, pues el único que nos puede dar la paz es nuestro Señor Jesucristo (169).

Juan Pablo II, en las distintas jornadas por la paz, destacó la importancia de la paz como “uno de los bienes más preciosos para las personas, para los pueblos y para los Estados".

En su encíclica Sobre el Cuidado de la Casa Común, el papa Francisco, destaca que “estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que él soñó al crearlo y responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud” (Laudato si, 53).


La paz, entendida desde la Doctrina Social de la Iglesia, es un compromiso de todos los cristianos. Y está íntimamente relacionada con la justicia y el cuidado de la Creación. “Todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas” (Laudato si, 92). 

viernes, 8 de julio de 2016

EL DIÁLOGO




Rigoberto Pitti - Publicado el 19 de agosto de 2015, en www.panoramacatolico.com, Panamá.

Si un conflicto “es esencialmente un proceso natural en toda sociedad y un fenómeno necesario para la vida humana” como lo define Juan Pablo Lederach, en el libro Educación para la Paz; también lo debe ser el abordaje del mismo. Mucho se habla de que los conflictos son destructivos, pero si se abordan de la manera adecuada, pueden convertirse en factores positivos para las personas, comunidades y para la sociedad en general.

Uno de los caminos que la iglesia siempre anima e impulsa es el diálogo. Y para dialogar, las partes tienen que comprender y reconocer las tres dimensiones que tiene todo conflicto: las partes, los asuntos concretos y el proceso o el nivel de conflictividad.  

De igual modo, es necesario identificar cuáles son las fuentes de los conflictos. Según Christopher Moore, un estudioso del conflicto, éstos se deben a cinco factores: estructura, valores, intereses, relaciones o información. Generalmente los conflictos sociales están relacionados con las tres primeras causas.

Los problemas de estructura se refieren a la disponibilidad de recursos, a los niveles de autoridad y poder, a las leyes y políticas existentes. Lo valores hacen referencia a las creencias, ideas, enfoques y modos de percibir las situaciones. En el caso de un conflicto de valores, se hace más complicado, ya que éstos no se negocian. En todo caso, hay que trasladar el asunto hacia los intereses. En este sentido, el bien común debe prevalecer sobre el beneficio personal o privado.


Los diálogos se pueden realizar de manera directa o con intermediarios cuando las partes no llegan a un entendimiento. Para ello la iglesia siempre tiene la disposición de colaborar en el acercamiento de las partes.

SER JOVEN


Rigoberto Pitti - Publicado en www.panoramacatolico.com, Panamá, 12 de agosto de 2015.

Las Naciones Unidas han designado el día 12 de agosto como el día Internacional de la Juventud. En la Iglesia Católica, los jóvenes representan una fuerza que dinamiza los distintos procesos pastorales y sociales.

Las palabras del Papa Francisco durante la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, en  el 2013, aún resuenan en los oídos de millones de jóvenes que vuelven a participar y a involucrarse en las cosas de la Iglesia. Recientemente en su encuentro con jóvenes paraguayos, Francisco aclaró que “el lío debe hacerse bien, ordenadamente, y a partir del conocimiento personal de Jesús”.

La Comisión de Justicia y Paz, ha estado impulsando, desde hace algunos años, la participación de los jóvenes en el cambio de la cultura política del país. Algunos proyectos como la Red de Jóvenes Vigilantes del Pacto Ético Electoral y los concursos de canciones y vídeos, pretenden movilizar a jóvenes líderes para que aporten desde sus potencialidades y capacidades a una nueva conciencia política, social y cultural.

Este año se está gestando el liderazgo juvenil a través del proyecto de Formación en Doctrina Social de la Iglesia (DSI) a Jóvenes a nivel nacional. Con ello se pretende promover el desarrollo del liderazgo social y político de los jóvenes organizados y no organizados para la incidencia en la sociedad.


El proyecto tiene como objetivos específicos asegurar la participación de los jóvenes en la vida social y eclesial; conformar un equipo de formadores que promueva los contenidos y métodos de la DSI y; desarrollar un movimiento de jóvenes profesionales y dirigentes con capacidad de liderazgo para actuar y aportar a la realidad social en todo el país.

CRISIS DE SISTEMA



Rigoberto Pitti - Publicado en www.panoramacatolico.com, el 2 de agosto de 2015.

El capítulo III de la Encíclica Laudato si está titulado “La raíz humana de la crisis ecológica”. En este sentido se busca no solamente una explicación sobre los síntomas de las diversas crisis que enfrenta el planeta, sino y sobretodo, las causas profundas.

Francisco señala que en el fondo hay causas humanas que han provocado estas crisis. El paradigma tecnológico y el antropocentrismo moderno son las dos principales. En su reflexión sobre la tecnología, hay que agradecer su contribución al mejoramiento de la vida moderna, pero también esta tecnología da ''a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para utilizarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero. Y esta lógica del dominio tecnocrático es la que ha llevado a la degradación de la naturaleza, a explotar a las personas y a las poblaciones más débiles.

Este modelo de civilización actual influye en las formas como se entiende y utiliza la economía y la política. Es una lógica de mercado que no garantiza el desarrollo humano integral y la inclusión social.


En el fondo de esta crisis sistémica está lo que el Papa describe como el exceso de antropocentrismo. Es una crítica fuerte contra el lugar que pretende tener el ser humano en el mundo que le rodea. Los humanos hemos asumido una postura auto-referencial, en la que podemos “usar y tirar”,  que ha llevado a justificar todo tipo de descarte, incluso a considerar a otras personas como cosas y a la naturaleza como un objeto del cual podemos servirnos sin contemplaciones.

ENERGÍA VERSUS ECOLOGÍA



Rigoberto Pitti- Publicado en PanoramaCatolico.com, el 26 de julio de 2015.

La globalización del paradigma tecnocrático ha llevado a la sociedad dominante a la falsa idea de que “existe una cantidad ilimitada de energía y de recursos utilizables, que su regeneración inmediata es posible y que los efectos negativos de las manipulaciones de la naturaleza pueden ser fácilmente absorbidos” (Francisco, Laudato si, 106).

Este mito está siendo socialmente alimentado en las ciudades, donde cada día se demanda más energía para mover una economía que pretende crecer de manera infinita e ilimitada (otra falsa premisa).

Entonces pareciera que nuestra sociedad se tensiona entre la demanda energética de los nuevos centros comerciales, los edificios ultramodernos y las mega-obras; y, por otro lado, la capacidad y disponibilidad de fuentes energéticas que provee nuestra madre tierra. Mientras los ciudadanos de las ciudades exigen electricidad y las empresas quieren asegurar sus inversiones; los habitantes de las áreas rurales defienden las fuentes de agua que, de manera voraz, pretenden acaparar las empresas generadoras de energía.

Francisco nos advierte que no podemos buscar respuestas urgentes y parciales a estos problemas ambientales. “Debería ser una respuesta distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el grave paradigma tecnocrático” (No. 111).


El Papa propone como un paso fundamental en este cambio de paradigma, una conversión ecológica, que implica “vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios (como una) parte esencial de una existencia virtuosa” (217). Además, implica vivir las consecuencias del encuentro con Jesucristo, en nuestras relaciones con el mundo que nos rodea.

DERECHO A LA VIDA





Rigoberto Pitti - Publicado en PanoramaCatolico.com, el domingo 19 de julio de 2015.

He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). La sociedad panameña está horrorizada ante los casos de femicidio que siguen ocurriendo en diversas áreas del país. El femicidio se entiende como el asesinato de una mujer a manos de su pareja o expareja.

Las autoridades tratan de tomar medidas, como las boletas de protección y la incorporación de algunos protocolos que podrían minimizar la ocurrencia de estos casos. Sin embargo, no se va a la raíz del problema, que está relacionado íntimamente con una cultura machista de largo arraigo histórico.

Para entender el problema, analicemos lo que hay detrás de un paradigma machista. Muchos hombres comparten el mito de que la mujer es su posesión personal, incluso cuando ya están separados o divorciados. Otros piensan que la mujer debe estar subordinada al hombre. Y hay quienes consideran que tienen derechos de controlar todo lo que hace su pareja. Estas podrían ser las motivaciones que inciden en crímenes tan atroces que vulneran en derecho a la vida.

Pensemos entonces en los retos que los ciudadanos, los grupos y las instituciones tenemos para abordar este mal. No basta con encarcelar al delincuente, mientras se siguen dando casos cada vez más intolerables. No es suficiente con tomar medidas drásticas, que producen a su vez una espiral más violenta.

Tenemos que unir esfuerzos como sociedad humana para cambiar los modelos de comportamiento colectivos. Crear espacios educativos, tanto para agresores como para las víctimas, con el fin de comprender y asumir que nadie tiene derecho de agredir o quitar la vida; sino de cuidarla y defenderla.

miércoles, 15 de julio de 2015

LAUDATO SI


(Publicado en www.panoramacatolico.com, Panamá, los días 28 de junio, 5 y 12 de julio de 2015, en la Columna de Justicia y Paz, página 14).

Alabado seas, mi Señor”. Así comienza la encíclica ecológica del Papa Francisco, inspirado en el cántico de San Francisco de Asís a todas las criaturas. En esta ocasión es un llamado urgente a todos los habitantes del planeta, debido al deterioro ambiental global de nuestro tiempo.

Francisco, en el No. 15, señala que “esta Carta encíclica… se agrega al Magisterio social de la Iglesia”; por lo que la Comisión de Justicia y Paz, compartirá a partir de ahora en este espacio y en los demás medios de comunicación disponibles, aquellos aspectos más relevantes del documento.
Una mirada general de la encíclica nos lleva a reflexionar sobre el desafío urgente de proteger “nuestra casa común”, la necesidad de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral; a impulsar un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta; y a pensar en una solidaridad universal nueva para reparar el daño causado por el abuso humano a la creación de Dios.


He aquí los ejes que atraviesan toda la encíclica: la relación íntima entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y al poder de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida.

1. ¿QUÉ ESTÁ PASANDO?

La encíclica Laudato si, nos lleva en su primera parte a hacer un profundo análisis de lo que está pasando actualmente en nuestro planeta. Temas como el calentamiento global, la contaminación, la basura y la cultura del descarte, la cuestión del agua, la pérdida de biodiversidad, el deterioro de la calidad de la vida humana, la decadencia social y la inequidad planetaria; son sólo algunas de las preocupaciones más importantes.

Hay problemas globales como el cambio climático que ameritan respuestas globales de los Estados y de la comunidad internacional. Pero también hay problemas como el agua, que tienen dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, que plantean desafíos  a los gobiernos nacionales y locales.

“La provisión de agua permaneció relativamente constante durante mucho tiempo, pero ahora en muchos lugares la demanda supera a la oferta sostenible, con graves consecuencias a corto y largo término” (No. 28). De ahí que la disputa por el agua se ha convertido ya en causa de múltiples conflictos a nivel planetario.

Dice además el Papa que “mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado” (No. 30). 

Francisco enfatiza en la encíclica que el actual sistema mundial es insostenible (No. 61) y hay que tener la disposición de cambiar de estilo de vida, producción y consumo; a la vez que anima a la creación de un sistema normativo que asegure la protección de los ecosistemas.

2. EVANGELIO DE LA CREACIÓN

El Papa Francisco titula el segundo capítulo de la encíclica Laudato si, el Evangelio de la Creación. Resalta que las convicciones de la fe ofrecen a los cristianos y a otros creyentes, grandes motivaciones para el cuidado de la naturaleza, así como de los más frágiles. Después de crear al ser humano, los relatos bíblicos nos dicen que “Dios vio todo lo que había hecho y era muy bueno” (Gn 1,31).

Aunque se haya malinterpretado el relato del Génesis que invita a “dominar la tierra” (Gn 1,28); lo cierto es que también nos invita a “labrar y cuidar” este hermoso jardín (Gn 2,15). Como seres creados a imagen y semejanza de Dios, tenemos la tremenda responsabilidad de administrar estos bienes otorgados por Él.

En su reflexión teológica, Francisco ofrece una amplia guía de los escritos bíblicos que desde el Antiguo Testamento, nos llevan a comprender el valor de la tierra más allá que una simple cosa. “La naturaleza suele entenderse como un sistema que se analiza, comprende y gestiona, pero la creación sólo puede ser entendida como un don que surge de la mano abierta del Padre de todos” (76). Por ello, todos los seres del universo conformamos una especie de familia, en comunión, que nos mueve a un respeto sagrado (89).

En Jesús, se realiza ese vínculo divino con la creación. Los diálogos con sus discípulos, las parábolas, el recorrido por los campos, muestran esa armonía con lo creado. A partir de la encarnación, el misterio de Cristo se manifiesta con humildad en el conjunto de la realidad natural, para llevarla a la plenitud.

martes, 16 de junio de 2015

NUESTRA CASA


Por: Rigoberto Pitti (Publicado en www.panoramacatolico.com, el domingo 21 de junio de 2015). 

Dos acontecimientos ocurridos en días pasados nos llenan de esperanza. El primero se refiere a una de las conclusiones de la reunión anual de los países más ricos del planeta (el G7), que acordaron reducir en las próximas décadas  sus emisiones de gases que provocan el efecto invernadero, para avanzar hacia un futuro global libre de carbono. Luego, nos alegramos con la publicación de la Encíclica Laudato si (Alabado seas), que acaba de publicar el Papa Francisco, cuyo tema central es el cuidado de nuestra casa común, el planeta Tierra.

En ambos casos, se hace un balance de la situación crítica, que Francisco llama fragilidad ecológica. Esta realidad la sufren especialmente los países menos desarrollados, donde se incrementan problemas relacionados con el acceso al agua, la pérdida de biodiversidad, el deterioro de la calidad de vida de las personas y las desigualdades a nivel planetario.

Laudato si, nos recuerda el tercer principio de la Doctrina Social de la Iglesia, de que hay una hipoteca social sobre el derecho a la propiedad. El medio ambiente, como un bien colectivo y como un patrimonio de la humanidad, está por encima de intereses particulares y todos debemos responsabilizarnos por su cuidado.


Como cristianos, estamos llamados a educarnos y cultivar una espiritualidad en armonía con el ambiente. Aprender que todo está relacionado. Que si le hacemos daño al planeta, nos hacemos daño a nosotros mismos y a las futuras generaciones. Esto implica cambiar nuestros estilos de vida. De una cultura del descarte y consumista, tenemos que cambiar a un estilo de vida centrado en el cuidado y la conservación de la naturaleza y de las cosas.